top of page

¿El frío realmente provoca resfriados? ¿Mito o realidad?


La pregunta de siempre...


Cada invierno, el mismo consejo resuena en los hogares de todo el mundo: "¡Abrígate bien o te vas a resfriar!"


Esta creencia está tan arraigada en nuestra cultura que hemos bautizado una de las enfermedades más comunes con el nombre de una condición climática. Pero, ¿la ciencia respalda esta sabiduría popular transmitida de generación en generación, o llevamos siglos culpando al sospechoso equivocado?


La relación entre la exposición al frío y las infecciones respiratorias ha intrigado a los investigadores durante décadas. Ya en 1773, Benjamin Franklin sostenía que los catarros se debían al contagio y no al aire frío. Sin embargo, a pesar de saber que los virus son los responsables de las infecciones respiratorias, la asociación entre el clima frío y enfermar persiste en prácticamente todas las culturas del planeta.


En este artículo analizo qué nos dice realmente la investigación científica revisada por pares sobre la conexión entre temperatura, humedad e infecciones respiratorias. La respuesta, como verás, es bastante más compleja de lo que sugieren tanto el "porque lo dice la abuela" como el "es solo un mito".


Cambiamos a una estación fría y "vuelven los resfriados"


Empecemos por lo que está fuera de discusión: las infecciones del tracto respiratorio muestran patrones estacionales claros, alcanzando su pico de incidencia durante los meses más fríos. Esto no es folclore; está documentado en los datos de vigilancia epidemiológica de sistemas sanitarios de todo el mundo.


Un estudio publicado en Respiratory Medicine por Mäkinen y colaboradores siguió a 892 reclutas militares finlandeses y encontró una correlación directa entre el descenso de las temperaturas y las infecciones respiratorias. Los hallazgos fueron llamativos: cada descenso de 1°C aumentaba el riesgo estimado de infección del tracto respiratorio superior (ITRS) en un 4,3%. Para el resfriado común específicamente, el riesgo aumentaba un 2,1% por cada grado centígrado de descenso.


Quizás más revelador aún: el estudio finlandés demostró que las infecciones no solo se correlacionaban con las temperaturas frías, sino que los descensos de temperatura las precedían. La temperatura media descendía entre 1,3 y 1,4°C durante los tres días previos al inicio de la infección, lo que sugiere una posible relación causal y no una mera coincidencia.



¿Y si nos fijamos más en la humedad?


La temperatura no actúa sola. La investigación identifica de manera consistente la humedad como un factor determinante en la transmisión de infecciones respiratorias. El estudio de Mäkinen encontró que cada descenso de 1 g/m³ en la humedad absoluta aumentaba el riesgo de ITRS en un 10%, un efecto aún más pronunciado que el de la temperatura por sí sola.


Un estudio de 2025 publicado en GeoHealth examinó las infecciones por virus respiratorio sincitial (VRS) en niños y encontró un patrón notable: las condiciones frías o húmedas explicaron el 55,23% y el 12,02% de las infecciones por VRS, respectivamente. La investigación identificó una relación en forma de U invertida entre la temperatura y la VRS, con el pico de transmisión alrededor de 7,5 °C.



Resulta particularmente interesante el hallazgo de que las condiciones moderadamente frías contribuyen mucho más a la carga de infecciones que el frío extremo. Esto podría reflejar patrones de comportamiento: durante el frío intenso, las personas toman medidas de protección y permanecen en interiores, mientras que el frío moderado puede no desencadenar las mismas respuestas de precaución.


El efecto de la variabilidad térmica


Más allá de la temperatura absoluta, los investigadores han descubierto que la variabilidad térmica desempeña un papel significativo en las infecciones respiratorias. Un estudio de 2024 publicado en Frontiers in Public Health examinó tres métricas de cambio de temperatura en relación con las infecciones respiratorias superiores agudas (IRSA) en estudiantes universitarios chinos.



Las implicaciones son claras: las oscilaciones grandes de temperatura dentro de un mismo día o entre días consecutivos aumentan significativamente el riesgo de infección. Esto podría explicar por qué las estaciones de transición (primavera y otoño) suelen registrar picos de enfermedades respiratorias a pesar de no ser los períodos más fríos del año.


Los efectos perjudiciales de la variabilidad térmica fueron estadísticamente significativos en primavera, otoño e invierno, pero no en verano, cuando las oscilaciones de temperatura son típicamente menores y menos estresantes desde el punto de vista fisiológico.

Cómo el frío afecta realmente nuestras defensas


Comprender los patrones epidemiológicos requiere examinar los mecanismos biológicos en juego. La revisión exhaustiva de Eccles y Wilkinson publicada en Rhinology (2015) identifica cuatro formas distintas en que la exposición al frío podría influir en la susceptibilidad a las infecciones:


Enfriamiento de las vías nasales


Cada respiración de aire frío enfría directamente los conductos nasales. Los estudios muestran que con aire inspirado a solo 6°C, los primeros 5 cm del epitelio nasal experimentan temperaturas de entre 6°C y 20°C. Este enfriamiento tiene efectos medibles sobre nuestras defensas respiratorias de primera línea:


El aclaramiento mucociliar se ralentiza: los cilios que barren los patógenos fuera de nuestras vías respiratorias dejan de moverse completamente a 4°C y no reanudan su actividad hasta que las temperaturas alcanzan los 10°C.


La viscosidad del moco aumenta: las temperaturas más frías hacen que el moco respiratorio sea más espeso y difícil de eliminar.


La respuesta inmune local se debilita: la fagocitosis, el proceso por el cual las células inmunitarias engullen y destruyen patógenos, se ralentiza con la disminución de la temperatura.


Enfriamiento de la superficie corporal


Cuando la superficie de tu cuerpo se enfría (piensa en pies mojados o estar expuesto a una corriente de aire), ocurre un reflejo fascinante: los vasos sanguíneos de tu nariz y vías respiratorias superiores se contraen. Investigaciones de Mudd, Spiesman y Drettner, que datan de las décadas de 1920 a 1960, demostraron que los estímulos fríos aplicados a la espalda o los pies causaban una vasoconstricción pronunciada en la mucosa nasal, con algunos sujetos mostrando descensos de temperatura de más de 6°C en sus tejidos nasales.


Esta vasoconstricción reduce el flujo sanguíneo al revestimiento nasal, lo que significa menos glóbulos blancos patrullando en busca de patógenos. Cabe destacar que los sujetos que experimentaban resfriados frecuentes mostraban una vasoconstricción nasal más prolongada después del enfriamiento, a veces durante varias horas, en comparación con aquellos que raramente enfermaban.


El experimento del enfriamiento de pies


En un estudio de Johnson y Eccles, 180 sujetos fueron asignados aleatoriamente a tener los pies enfriados o a servir como controles. Los resultados fueron sugerentes: 13 de 90 sujetos enfriados desarrollaron síntomas de resfriado en un plazo de 4-5 días, en comparación con solo 5 de 90 controles (p = 0,047). Aunque este estudio carecía de confirmación virológica, proporciona apoyo experimental a la hipótesis de que el enfriamiento puede desencadenar el desarrollo de infecciones sintomáticas.


Desmontando mitos.... EL FRÍO NO HACE "ESTO"


Aunque la evidencia respalda algunas conexiones entre el frío y las infecciones, otras creencias populares no resisten el escrutinio científico.


"Los alimentos y bebidas frías causan infecciones respiratorias"


La creencia de que el helado causa dolor de garganta persiste en muchas culturas. En Turquía, las encuestas muestran que el 43% de las personas están de acuerdo en que el helado causa infecciones de garganta, con un consumo muy sesgado hacia los meses de verano. Creencias similares existen en Bangladesh y otras regiones, a menudo vinculadas a teorías tradicionales de equilibrio caliente-frío que se remontan a Hipócrates.


Sin embargo, no existe evidencia científica que respalde esta creencia. La nasofaringe (donde los virus respiratorios infectan inicialmente) está anatómicamente separada del tracto digestivo y no se enfría significativamente por los alimentos o bebidas. De hecho, los productos fríos son en realidad terapéuticos para el dolor de garganta; los polos de hielo se utilizan tradicionalmente para reducir el dolor postamigdalectomía en niños, con estudios que confirman su efecto analgésico a través de la activación de los receptores de frío TRPM8.


"La hipotermia causa resfriados comunes"


Aunque la hipotermia severa puede suprimir la función inmunitaria y aumentar el riesgo de neumonía en entornos clínicos (con una incidencia hasta del 48% en pacientes sometidos a hipotermia terapéutica), no existe evidencia que vincule la hipotermia leve con las infecciones respiratorias superiores comunes. Los experimentos clásicos de Dowling y Douglas en las décadas de 1950-60, que expusieron a sujetos a habitaciones frías o baños de agua fría antes de la inoculación viral, no lograron demostrar un aumento de la susceptibilidad.


Cosas que SÍ QUE PASAN con el FRÍO



¿Cómo podemos protegernos?


La investigación sugiere varias estrategias con fundamento científico para reducir las infecciones respiratorias invernales:


Protege tu nariz en clima frío. Una bufanda que cubre la cara no es solo para la comodidad; precalienta el aire inspirado y protege la función mucociliar. Esto es particularmente importante para las personas mayores y para quienes padecen afecciones respiratorias crónicas.


Mantén la humedad interior. La calefacción invernal reseca el aire interior, lo que compromete las defensas de las vías respiratorias y puede favorecer la estabilidad de los virus. Una humedad relativa del 40-60% parece óptima para la salud respiratoria.


Vigila las oscilaciones de temperatura. Las temperaturas variables de primavera y otoño representan un riesgo particular. Cuando los pronósticos meteorológicos predicen diferencias significativas de temperatura entre el día y la noche, toma precauciones adicionales.


No te preocupes por el helado. No hay base científica para evitar alimentos y bebidas frías, incluso cuando ya estás enfermo. De hecho, pueden proporcionar alivio sintomático.


Mantente abrigado, pero sé realista. Aunque evitar el enfriamiento tiene sentido desde el punto de vista fisiológico, recuerda que los virus son la causa real de la infección. La mejor protección sigue siendo una buena higiene, la vacunación cuando esté disponible, y evitar el contacto cercano con personas infectadas.


Es decir...la abuela tenía parte de razón


La evidencia pinta un cuadro con matices. El clima frío no causa directamente las infecciones respiratorias; eso lo hacen los virus. Pero las bajas temperaturas, la baja humedad y la variabilidad térmica crean condiciones que favorecen la transmisión viral y comprometen nuestras defensas naturales contra las enfermedades.


Las 250.000 muertes adicionales en invierno que se producen anualmente en Europa, muchas de ellas por infecciones respiratorias que comienzan como simples ITRS, nos recuerdan que esta no es meramente una cuestión académica. Comprender cómo los factores ambientales interactúan con los agentes infecciosos tiene implicaciones reales para la salud pública, desde los comportamientos protectores personales hasta la planificación de los sistemas sanitarios.


Así que la próxima vez que alguien te diga que te abrigues o te vas a resfriar, puedes responderle: la relación es complicada, pero no está del todo equivocado. El frío en sí no te infectará, pero podría hacerte más susceptible a los virus que estén circulando y, en invierno, de esos hay muchos dando vueltas.


Referencias


  1. Eccles R, Wilkinson JE. Exposure to cold and acute upper respiratory tract infection. Rhinology. 2015;53(2):99–106. doi:10.4193/Rhino14.239

  2. Mäkinen TM, Juvonen R, Jokelainen J, et al. Cold temperature and low humidity are associated with increased occurrence of respiratory tract infections. Respiratory Medicine. 2009;103(3):456–462. doi:10.1016/j.rmed.2008.09.011

  3. Jiang F, Wang R, Yang Y, et al. Effects of intra- and inter-day temperature change on acute upper respiratory infections among college students, assessments of three temperature change indicators. Frontiers in Public Health. 2024;12:1406415. doi:10.3389/fpubh.2024.1406415

  4. Lu Y, Ren S, Shao X, et al. Association of ambient temperature and relative humidity with respiratory syncytial virus infections among hospitalized children in Suzhou, Eastern China: A time-series analysis. GeoHealth. 2025;9:e2025GH001353. doi:10.1029/2025GH001353

Comentarios


bottom of page